martes, junio 22, 2010

Mi primer artículo 3 años después

Año 2007, miércoles 10 de enero, hora no precisada.
Me he dado cuenta que me gusta escribir, que quiero ser escritor, pero hay un problema; no sé nada al respecto. Y sobre todo no sé escribir bien.
Busco algo sobre el tema en internet y en algunos libros, pero no encuentro nada que me diga cómo hacerlo. Tiempo después he venido a comprender por qué nadie le enseña a uno cómo escribir o convertirse en escritor. Pero de eso no hablaré esta vez pues estaría violando una especie de código tácito existente desde hace ya bastante, entre los muchos que nos hacemos llamar escritores.
Para ese entonces tengo 19 años y he tomado una decisión no muy común, voy a ser escritor aunque nadie me diga cómo hacerlo y tal vez en el fondo, sea uno de los prospectos menos promisorios del mundo de las letras.
Y así decido crear un Blog para que alguien lea lo que escribo. Espero que el mundo entero, aunque eso del mundo entero termina quedándome un poco grande porque al final mis no tan asiduos lectores son unos pocos que por lo general son amigos míos, amigos que en cierta forma se encuentran un tanto obligados por vínculos sentimentales o de otra índole hacia mi persona.
“Sobre un nombre desconocido” titulaba mi primer artículo publicado, en la fecha antes mencionada, y en ese entonces como ahora no sabía que escribía. Tan sólo sabía que quería escribir.

Sobre un nombre desconocido

Ayer me puse escribirlo en medio de conjunciones inequívocas que no hacían más que delatar la resonancia de su ser en mi pecho.
Allí estaba ella, integra en sus sentidos, callada, sutil, dulce e imaginaria, como dibujada en mi mente por una ráfaga de viento.
Su nombre un misterio incierto e infinito, o tal vez un enigma develado hacía miles de soles y lunas.
Tal vez esto era lo que la hacía tan especial; su nombre, o quizá sea que este hecho no influía en lo más mínimo en aquello que la hacía tan diferente de las demás personas. Porque un nombre, no es más que eso, tan sólo un nombre; un conjunto de trazos delimitados y compartidos muchas veces por infinidad de seres.
Y para mí, ella era mucho más que eso y no podía delimitársele a ningún campo de lo comprensible o inimaginable. Ella a fin de cuentas era totalmente distinta a las demás personas que hubiera conocido y eso me gustaba, pero a la vez me daba miedo, porque en el fondo sabía; que tal vez se parecía demasiado a mí.

Diego A.

domingo, mayo 30, 2010

MÉNDEZ, el profesor de arte

Méndez era el profesor de arte. Tenía cinco años o quizá más, enseñando en aulas. Sus colegas no hablaban de él, no porque no haya destacado entre los profesores ni mucho menos porque haya sido un mal docente, sino que su presencia era totalmente desapercibida.
Hablar de Méndez y describirlo sí que fue un trabajo arduo ya que domicilio fijo no tenía, familia inubicable y amigos quién sabe. Hubo tan sólo un alumno cuya información fue valiosa para escribir sobre éste olvidado maestro.
Físicamente no fue un hombre apuesto, es por eso que no despertaba algún interés en las mujeres. Fue de complexión enjuta, nariz aguileña y con una joroba inmensa, que espantaba a cualquier señorita dispuesta a saludarlo.
Estudió Arte; no por el placer de descubrir lo maravilloso de la pintura, la música o escultura, sino por imposición, no sé si de sus padres o de su tutor. Era un hombre de una suerte desdichada. El día del maestro nadie lo saludó y encima le hicieron una pésima broma sus alumnos.
Cuando entró en aulas por primera vez su voz era tan magra que ni un tísico hubiera sido capaz de escucharlo. No hablaba bien, entrecruzaba las palabras y cuando pretendía escribir en la pizarra lo hacía con errores ortográficos, eso despertaba en los alumnos risotadas que llegaban hasta oídos del Director, pero éste tan o más mediocre que él, dejaba sin resolución esas quejas.
El día que había exámenes tan poca autoridad demostró tener, que sus alumnos solían salir de su clase e iban a la siguiente aula a sacar la copia de algún amigo y regresaban a seguir resolviendo. Pobre hombre. Fue un profesor mediocre, sí, como esos que abundan por la sociedad… los alumnos lo negaban y eso se percibió a la salida del colegio, cuando se escuchó decir a alguien y a ti quién te enseña Educa. Física.
– Ah a mí me enseña Benítez.
Ah que buen profesor, a mi me enseñó el año pasado.
Y el de Literatura… a qué lástima a mi ya no me enseña.
- Alguien preguntó y del de Arte… el silenció enlutó la conversación.
-No sé, dijo uno. Es un idiota. No recuerdo su nombre, ni tampoco quiero memorizarlo….
Nunca se escuchó palabra encomiable hacía él, ni en las actuaciones ni en reunión de profesores. Tan mal docente fue, que no dejó huella alguna en sus alumnos a no ser su mano pesada que una vez sentí no bien se dio cuenta que le había puesto plastilina en el pantalón. Creo que después de mí, nadie sintió su llegada ni mucho menos su partida.

El Centinela.

jueves, mayo 20, 2010

Perdón por lo Mezquino

Soy un hombre libre - pienso -  mientras me toco la cabeza con ambas manos y aspiro fuertemente todo el aire que puedo, miro al cielo, pero sólo logro ver el techo de mi cuarto que siendo blanco, me recuerda paradójicamente unos capítulos un tanto obscuros y aciagos de la que fuese mi antigua vida, que en resumen no fue enteramente mala, pero que si debía de cambiar con cierto grado de desesperación.

Recuerdos, claro que los tengo, la mayoría de ellos gratos y un tanto satisfactorios, pero también están presentes aquellos otros un tanto obscuros, sombríos y dolorosos, cargados en cierto modo de un viscoso pesar. Ambos a fin de cuentas, componen gran parte de lo que soy ahora; un hombre que pretende ser bueno. Pero que a fin de cuentas es tan sólo un hombre.

En resumen he sufrido y he hecho sufrir tal vez en cierto modo involuntario a mucha gente. Sé que no lo merecían, es por eso que hoy pretendo confesarme ante ellos expiando mi culpa por los pecados cometidos alevosamente en su contra.

Es en este punto de mi vida que comprendo que nadie merece sufrir, ni siquiera aquellos a los que comúnmente se les llama malos o impíos. A fin de cuentas cada quién acaba recibiendo la contraparte a su actuar, y no sé si esto venga de modo natural o divino, pues prefiero no complicarme la vida en divagaciones teologales u otras disertaciones relativas en asuntos de la fe, castigos morales o contrapartes divinas. Por ello he acabado de aceptar por completo este hecho como una verdad absoluta que gobierne mis actos. Pero antes necesito curarme por completo de una enfermedad llamada ingratitud y felonía. Para ello debo pedir perdón en cierto modo, y si es posible a todas aquellas personas que en algún momento dañe o hice sufrir consciente o inconscientemente.

Es por eso que hoy quiero hablarte a ti; tú sabes que estas líneas que escribo son tuyas, sabes que este pedido de perdón va para ti. Por eso que no diré nombres, hechos, posibles lugares ni ningún otro referente significativo que pudieran llevar a quien leyese estas líneas hacia ti. Tan sólo te diré que quiero pedirte perdón de la forma más sincera y encarecida, a pesar de que sea algo tarde y en cierto modo tal vez innecesario, pues tal vez ya haya sido perdonado por la magnanimidad de tu ser. Pero igual te pido me perdones una vez más y me ayudes de este modo a acabar con todo aquello que me ata a aquel pasado que pretendo dejar atrás. Hoy te pido que aquí acabes públicamente con este hombre que fuese algún día un ser alevoso, de afectos mezquinos, lleno de frases hechas llenas de mentiras, pero de palabras bonita para salir del apuro. Acaba con él; con sus sentimientos escondidos, con su egoísmo, hipocresía y falsedad, con su temor a amar, con la cobardía que lo hacía huir, con las promesas rotas y con la completa sinceridad que prometió una vez pero que nunca llego a cumplir.

Diego A.

domingo, mayo 16, 2010

Era la Sensación Perfecta

No me gusta mucho leer, pero admito que soy fanática de aquellos libros con temas de amor, de esos temas que te dejan suspirando. Por eso hoy recordé aquel párrafo que leí a la orilla del mar, en un viaje que fue de olvido y del que hoy casi ya no me acuerdo.

“El amor es siempre nuevo. No importa que amemos una, dos, diez veces en la vida: siempre estamos ante una situación que no conocemos. El amor puede llevarnos al infierno o al paraíso, pero siempre nos lleva a algún lado. Es necesario aceptarlo, pues es el alimento de nuestra existencia. Es necesario buscar el amor donde esté, aunque eso signifique horas, días, semana de decepción y tristeza. Porque en el momento en que salimos en busca del amor, el amor también sale a nuestro encuentro. Y nos salva”

Y por esa razón no quiero escribir frases devastadas y adjetivos grises, quiero hablar el lenguaje de aquellas “mapolozas” que solo tu entenderías, con frases que no se marchitan, que no se olvidan, que invita a la espera y no oculta un te quiero extraño. Quiero con esta “memoria de elefante” construir una historia que tratara de como, cuando y donde te enamoraste de mi. Pues no pretendo ignorar mis recuerdos, ya que al final estoy hecha de ellos; tengo buenos y malos; pero los tengo porque los viví y sé que no eres perfecto, pero encontré la perfección a mi modo, en ti mi hombre imperfecto porque eso es querer, y aunque hoy olvidaste miles de motivos (Vale y Gastón); yo nunca olvidare que un día fui tu complemento y tu el mío.

Y sé que ahora podrás escuchar otros mil y un “Te Quiero” con o sin razón, palabras quizás ajenas a ti, y nunca sabré el porqué. Al igual que nunca sabré lo que otras personas sienten, sólo sé lo que yo sentí y cuando te dije aquel primer “Te Quiero” que para mí no era tan sólo una frase vacía producto de la soledad o melancolía, no era un intento de un engaño, no era hipocresía, no era egoísmo, ni el absurdo deseo de hacerte daño. Simplemente eran mis latidos transformados en palabras. Palabras que hoy quisiera que al ser emitidas hagan eco en la luna y te encuentren en donde quiera que ahora estés.

Vivi L. / Diego A.

sábado, mayo 15, 2010

Se habría llamado MACARENA.

De haber nacido Macarena, en este momento tendría 18 años, sería una muchacha alta, de piel blanca como la nieve, de sonrisa de ensueño, figura envidiable y de ojos color café intenso tan iguales a como los tenía su madre.

A Macarena le habría encantado el ir de compras o el tan solo caminar yendo de una tienda a otra en compañía de alguna amiga. Habría amado en demasía a su madre, Meriam, y habría hecho lo mismo con Erick, su padre, en especial porque este era un gordo buena gente consentidor que le hubiera dado todo lo que desease. Estoy convencido de que ella habría amado la simplicidad  de Erick, su padre, que vivía la mayor parte del tiempo en lo que él habría de llamar su oficina, pero que no sería más que un rústica casa de campo con vista a unas cuantas montañas enanas partidas a la mitad por un río, llamado río seco porque la mayor parte del tiempo permanecería sin agua. Macarena, lo habría amado por lo que era, un hombre gordo, feliz y simple, que la mayoría de veces escribía acerca de cosas complejas que ni el mismo entendía. Y de una u otro manera, ella anhelaría ser como él en todo excepto en la gordura.

Macarena, tendría un hermano 2 años mayor que ella, llamado Pedro, un amante de la cocina neto como no se ha visto en largo tiempo, que a la corta edad de 20 años ya sería todo un experto chef reconocido, maestro en manjares y exquisiteces, en contraposición al deseo y sagrada voluntad de su madre Meriam, quien siempre quiso para él, el futuro de un Médico Cirujano Plástico, que bastante falta le haría en este momento, en el que la edad le comenzó a pasar una factura para nada barata.

Pedro amaría y cuidaría a su hermana; haría todo lo posible para alejar a todos los pretendientes bobos y faltos de cordura, enamorados de la divina hermosura de su hermana. El, al igual que su hermana, habría de amar mucho a sus padres, en especial a Meriam, su madre, pues sabría que ella nunca la tuvo fácil y que sufrió mucho en la vida para que él fuese lo que ahora era.

En resumen, serían una linda familia y si en algún momento habría algo que le faltase a Macarena, eso en definitiva no sería amor. Pero las cosas no siempre son como se suponen deberían de ser, Macarena, nunca vio la luz de este mundo, sería por siempre tan sólo la promesa de una vida que no pudo ser, que se quedo pegada en la cabeza del que pudo ser su padre, como la idea de una protagonista, de un libro para niños que nunca llegaría a escribir, pues prefirió dedicarse a los dramas y a las novelas crudas. Y en la, de la que pudo ser su madre como un nombre de mujer que alguna vez le hubiese gustado ponerle a una hija que nunca tuvo, pues se dedico por completo al cuidado del pequeño Pedro, quien al final si se dedicó a ser un exitoso cheff.

La vida continuó, Erick, el escritor, siguió escribiendo, se casó con otra mujer; ella era el verdadero amor de su vida, le dedicó uno que otro libro y juntos tuvieron una pequeña a la que llamaron Triana; a la que amo tanto como le hubiese sido posible amar a Macarena, la niña que nunca llegó a tener con Meriam, porque al parecer, en algún momento de la historia; ellos, se separaron.

Diego A.

miércoles, mayo 12, 2010

Olvídala

- Se suponía, que no debías enamorarte. ¡NO SEAS ESTÚPIDO! –me dijo Vincent, mientras me tomaba de los hombros fuertemente sacudiéndome con violencia, intentando a toda costa hacerme entrar en razón.
No lo estoy – me defendí – No me he enamorado de ella.
- Tan solo me gusta mucho y quiero que pasemos algo de tiempo, eso es todo. Además lo hago con fines netamente literarios. Necesito conocerla y saber su historia.

- Esas son tonterías - me dijo él- , no me vengas con el cuento del escritor inspirado en busca de historias. Que tú de lo que padeces es de un ahuevamiento severo. Entiende que no te puedes enamorar de ella, no bajo ninguna circunstancia, te lo digo como amigo; ¡OLVÍDALA!, no la llames, no la busques, métete en la cabeza que nunca la conociste o que si lo hiciste nunca más la volverás a ver.

Oía las razones de Vincent y estas me parecían totalmente convincentes, pero me negaba a aceptarlas, por eso emitía justificaciones literarias que si tenían mucho de cierto más no eran completamente verdaderas en su totalidad. Lo único verdaderamente cierto era que estaba enamorado de ella a pesar que desde un primer momento mi subconsciente me dijo que no debía hacerlo, que no sería posible y que era mejor que la olvide.

Me enamore de ella, 1 o 2 años menor que yo, proveniente de más de 3 países distintos y hasta hace algo menos de 1 mes una completa extraña en mi vida, que sin embargo ahora sabía mi nombre y de vez en cuando, cuando yo no le escribía nada; acaba mandándome un mensaje de texto con una que otra frase cariñosa acompañada de besos, abrazos y buenos deseos.

Diego A.

lunes, abril 26, 2010

Nunca como la Lombriz

Me encontraba en uno de esos momentos de iluminación concedida tal vez erróneamente por Dios creador, padre de todas las cosas, y me puse a pensar - cosa extraña - en una de sus criaturas. No una de las más pequeñas, tan poco no una de las más agraciadas o peculiares presentes en su creación. Pero sí según muchos citando estadísticas acerca de la concordancia en la creencia de este hecho a un 97.32% de la humanidad, que la califica como una de las criaturas más felices. De allí que se produjera la célebre frase “Feliz como una lombriz” y que muchos mencionan sin tener siquiera en cuenta lo que significa en si misma.

Me pregunto entonces, tal vez como parte de una de esas muchas preguntas que se hace el hombre en el transcurrir de su vida; cómo puede ser esta criatura tan feliz como se dice. Investigo un poco, busco en internet y encuentro varios artículos en blog’s titulados de ese modo, foros inundados de preguntas al respecto y eruditos en el tema brindando respuestas sabias propias de un conocimiento ulterior que no poseo ni creo llegaré a conocer en materia de lombrices felices; me topo también con cierto número de canciones en un número no imaginado que aluden al tema de la felicidad lombricienta, entre ellas la de una jovencita que en tono ranchero manifiesta su felicidad por tener un novio a lado, novio que supongo debe tener algún tipo de extraña característica análoga a esos seres o al menos algún tipo de predilección helmintológica, para que su eufórica nueva novia le dedique una canción tan extraña exaltando la gloria de su amor invertebrado.

Decido dejar de lado lo que encuentro en internet pues no hace más que distraerme y me concentro nuevamente en mi búsqueda, ausculto libros, estudio sus atributos físicos, y hago un repaso mentalmente acerca de la composición química de su organismo en búsqueda de evidencia científica que respalde este hecho, mas no encuentro nada; ni una sola palabra, texto o alusión a la inesperada felicidad de este pequeño y alongado ser.

Me olvido de lo científico y de mi investigación que de nada sirvió y me quedo con lo que se de estos seres desde un comienzo y esto es que: Son ciegas, no tienen patas, se arrastran: unas por la tierra, otras en los intestinos de algún otro ser, unas se comen la comida que uno come, otras se lo comen a uno y un último grupo no hacen ni lo uno ni lo otro, pero que si arrasa comiendo otras cosas nada gratas. Lo que vendría a significar que para alcanzar tal grado de felicidad debería de quedar; ciego, manco, cojo, en estado parasitario y que para alimentarme de vez en cuando mi dieta incluya una significativa ración de excremento. Siendo así, ¡No quiero ser feliz!, prefiero seguir siendo un gordo con lentes pero que ve, que llena de frituras sus arterias día tras día, pero de un modo independiente, autónomo y libertario, pero que sobretodo nunca se arrastrará por el suelo ni sentirá la mierda en los labios.

Diego A.

miércoles, febrero 03, 2010

El adios de Macaew

Tengo los ojos rojos, ¡No lo ves! – Macaew, le ha respondido a Zaith lleno de furia, mientras se frota compulsivamente los ojos intentando fingir un picor intenso, que tiene por verdadero fin el disimular las pesadas lágrimas que empiezan a caer por su mejilla. De repente ha empezado a correr con todas sus fuerzas, corre fuerte, tanto que la arena le pega en rostro con la fuerza de un azote dado en la espalda, pero sigue de frente con la arena adherida a la cara y al cuerpo surcando caminos que no conoce, caminos que dan miedo y perdiéndose entre las calles laberínticas de aquella ciudad tan polvorienta y desolada que era la suya.

La ciudad no tiene nombre, sólo laberintos y gente, de la cuales, a muchas de ellas tan sólo les importa su propio nombre, y arremeten en indiferencia en contra del forastero o citadino de nombre ajeno.

Zaith se ha quedado de pie viendo partir a un hombre desecho, que no es más que la sombra de su ayer, ahora abandonado a un trágico destino. - No soy capaz de precisar si ella lo ama, tan solo conozco la parte de la historia en la que se dice que ella le pidió que se marchara - .

No le quedan más fuerzas ha corrido tanto que se le han ampollado los pies y el rostro a causa de la violencia del azote del viento y la arena. Y se ha dejado caer en medio de la nada frente a un muro gris, con un sinnúmero de garabatos vomitados o escupidos por los habitantes de la ciudad sin nombre, que se deleitan vomitando y escupiendo sus despojos e infelicidades sobre aquel pobre y triste muro gris.

Zaith da unos pasos hacia atrás y se ha refugiado en lo que vendría a ser su casa, la reconoce a base de puro esfuerzo mental, por su puerta recién pintada de negro se diferencia de las otras que lucen pardas y moribundas, pues como dije; no hay calles, ni nombres, ni letras, ni números que las diferencien a unas de otras en esta ciudad. En casa ella tiene lo necesario, a pesar de que no es todo lo que quisiera; tiene una techo donde dormir, un lugar donde comer, alguien a quien querer, y un conjunto de peleas que nunca acaban y que se suceden unas tras otras emulando un ciclo inagotable, e insufrible, que sin embargo ella ha aceptado voluntariamente seguir sufriendo; Zaith ha decidido seguir las creencias de los habitantes de la ciudad sin nombre; quienes dicen, por solo mencionar unas cuantas de las cosas que dicen; que Macaew es un insensato y falto de cordura que no le hará más que sufrir. Lo cierto es que conociendo el otro lado de la historia se de antemano, que no hay nada más alejado a la verdad, que estas y otras falsedades cernidas en su cabeza. Pero ella ha decidido escucharlos, siguió las voces que no venían de su corazón, porque los habitantes del pueblo sin nombre eran sabios, al menos así se lo hicieron creer. Sin embargo estas voces sólo tenían en su interior un espacio hueco y vacío que lleno de dolor, amargura, recuerdos tristes y menciones a hechos lamentables y fácilmente repetibles. Estas voces decían nunca haberse equivocado, y eran las encargadas de juzgar y destruir a todo aquel que se atreviera a equivocarse, por muy leve que fuera la falta. Porque el error no estaba permitido. Fue así como Macaew acabo corriendo con los ojos irritados y la piel llena de llagas.

Macaew sigue tirado en el suelo, la mirada fija al cielo, como esperando la pedrada final que ha de venir después de lo que había pasado. Pero no sucede nada. Mira el cielo que no es completamente obscuro, ni claro, sino completamente indescifrable, tal y como a él le gustaba verlo, en contraposición a la gente del pueblo sin nombre, que se deleitaba con las caminatas bajo un cielo claro riéndose unos de otros, pero con el alma más podrida y turbia que el cielo negro que le gustaba apreciar a Macaew.

Ella se ha sentado en el podio, y la reprimenda ha sido la misma Zaith; llora con los ojos cansados por las mismas palabras hirientes, pero no por eso menos ofensivas y con las mismas lágrimas ya derramadas en más de una vez. Y se va a dormir llorando pensando en muchas cosas y tal vez tan bien un poco en el joven llamado Macaew, del cual debe separarse por no permitírsele a ella, ni a él un segundo error.

Lo han levantado unas manos, Macaew se había quedado dormido viendo aquel cielo incomprensible que tanto le gustaba mientras recordaba una y otra vez lo mucho que amaba a Zaith. Las manos lo asen cada vez con más fuerza, y lo que parecía un acto de buena fe, se torna un acto violento y sin razón que lo lleva contra el muro gris. Donde es golpeado una y otra vez, pero parece no importarle; está como ido, con la cabeza vuelta hacía el recuerdo de su Zaith. Cierra fuertemente el puño derecho, pero no para arremeter contra sus agresores, sino para evitar que algo que allí lleva se le escape de entre las manos. Mientras tanto es golpeado, los desconocidos le revisan las túnicas, que a fuerza de incomprensión habían logrado ya romper casi en su totalidad. Pero no han encontrado nada. Es entonces, que se percatan de aquel puño que trae cerrado, Macaew se desespera y empieza a dar lucha. Intenta zafarse como puede, pero no lo consigue, debe tener algo valioso piensan los ladrones, por eso ahora lucha, así que intentan a fuerza hacerle abrirle la mano como pueden pero no lo logran, Macaew está decidido a no dejar escapar por nada del mundo aquello que llevaba en su mano, aún sabiendo que tenía las de perder, estaba decidido a no perder esta última lucha, custodiaría con su vida aquello que verdaderamente consideraba importante. La impotencia ciega a los que le agreden, que deciden ponerle fin a su vida. Y así sin compasión incrustan sus armas al unísono en su pecho, y Macaew cae casi al instante mientras le borbotea algo de sangre por la boca, la que escupe contento mientras cierra sus ojos y lleva ese puño cerrado hacia el pecho. Dejando así al descubierto un retrato de Zaith, y el recuerdo del último beso que le dio poco antes de que se separaran para siempre.

Diego A.

martes, enero 26, 2010

En medio de la negra noche

Es de noche y te pienso, mientras pienso que ya no debería pensarte. Sin embargo me es inevitable.
Está obscuro a mí alrededor y tan solo me pregunto si he de poder distinguirte en medio de esta negra noche que se nos cayó encima tan de repente y miro y busco, pero no te encuentro por ningún lado, todo está tan sombrío que no te veo, y tengo miedo de perderte, tengo miedo de que te esfumes incluso de esos etéreos momentos en los que apareces delineando tus formas perfectas en mis pensamientos con tintas del ayer.
No desfallezco y te sigo buscando, camino y tropiezo una y otra vez, pero no estás para tenderme la mano y guiarme hacia el camino como lo hacías antes, y a veces lloro sintiendo tu ausencia, mientras se forma un nudo en mi garganta y pienso en tu luz ya extinta y en lo lejos que he quedado de tu mirada y de tu sonrisa que se atesora en lo más profundo de mi corazón.
Y reparo en que te amo. Te amo aunque estés lejos, y aunque te siguiera viendo, pero sin poder acercarme, te seguiría amando, por negra que fuera la noche.
Insolado de soledad, no pretendo ennegrecer mi alma, es así que me olvido por completo del adiós y del olvido, adiós que no digo por la claridad de su contundencia, y olvido del cual no pretendo hacer uso por considerar un tanto malévolo y mezquino, y por no pretender querer en ningún momento, y en ninguno de los casos olvidarme de ti o darte un adiós en señal de despedida. Al contrario, prefiero permanecer tácito, amándote expectante, en medio de la negra noche por si regresas con esa tu luz brillante que me llena de amor y esperanza.
Diego A.

jueves, enero 14, 2010

Días que son Grises

Me duele hasta la alegría. Fue algo que estuve a punto de decirte hoy, pero que llegué a omitir, por considerarlo un tanto novelesco y fuera de lugar. Lo cierto es que te amo y nada va a cambiar este hecho.
Llueve, y veo como esta lluvia nos ha empapado los huesos y los corazones. Es temprano aún, aunque casi ya sea de tarde, y la atmosfera se torne más que fúnebre. Exactamente como me gusta la mayoría de las veces; sombría y callada, goteando el último hálito de vida que le queda al día. Pero hoy es diferente, hoy necesito de una tarde soleada de campos verdes, de días de playa, de niños corriendo alegremente en algún jardín, de esas tardes en las que uno se desabotona un botón más de lo acostumbrado por no ser soportable de otro modo. Pero sé que nada lo que haga ahora cambiará esta turbulencia inesperada, tan sólo el seguir firme y esperar a que pase pronto, sujetarme fuertemente contra algo y tomarte de la mano por si el viento se acrecienta y arremete contra mí, o contra ti que sería mucho peor. Ponernos a buen recaudo bajo una cubierta que nos permita secar nuestros huesos ya húmedos y un tanto débiles de tanto haberse mojado en el camino, pero juntos que es lo que importa. No hay más y aunque hayan días tristes y negros de fuertes oleajes o de tempestades cataclísmicas, lo soportaremos juntos de la mano protegiéndonos el uno al otro. Total, todos los días acaban y vuelven a empezar en un ciclo continuo y un tanto discorde; incluso hasta los más turbulentos. Es cuando estos días pasan que descubrimos que nos hicimos más fuertes, que nuestros huesos se secaron y que nuestro corazón late más fuerte. Y que podremos soportar otro día negro juntos, aunque este sea peor que los anteriores.

Diego A.

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